La creación de PROSUR en detrimento de la UNASUR

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Por Roberto Viesca Dorantes : Internacionalista por la UNAM y analista político.

Actualmente, en América Latina vivimos una tormenta política entre ideologías que inhiben el proceso cooperativo y unificador que se entendía como parte del proceso independiente y autosuficiente de la región en detrimento de un actor ajeno a las circunstancias latinoamericanas. No es en vano, que a partir del revés de las “izquierdas” de la región, lo que una vez se construyó, se deseé renovar por algo más proclive a los intereses de los nuevos gobiernos.


Un ejemplo claro, es la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR) lanzada como un organismo de integración totalmente latinoamericano en 2007 como vínculo para el establecimiento de alianzas entre las naciones del Cono Sur con independencia a las directrices promovidas por Washington como lo es la Organización de los Estados Americanos (OEA).


Sin embargo hay mucho de cierto, que la UNASUR se formó para incentivar el interés brasileño como un proyecto de alcance regional (como refuerzo del Mercado Común del Sur o MERCOSUR). Fue tal el impulso adquirido, que los demás representantes de los gobiernos latinoamericanos, asumieron el compromiso de adherirse a este proyecto como parte de una posible integración sudamericana de seguridad (muy parecido a la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, CELAC).


Como tal, este proyecto ahora de interés regional, buscaba una alternativa a la Cumbre de las Américas y promovía una política de seguridad conjunta, fuera del círculo de influencia de Estados Unidos, era vista con gran temor e incertidumbre. El punto débil de UNASUR llegó en el momento del impeachment de Dilma en 2016, cuando se perdió el viraje de su significado y su utilidad como organismo regional, es así que desde 2017, la Secretaría General sigue vacante.


Ahora, en la región, se promueve PROSUR. Los principales actores de éste posible nuevo organismo son Iván Duque, presidente de Colombia; Sebastián Piñera, presidente de Chile y; en menor medida, Mario Abdo Martínez, presidente del Paraguay. Estos personajes en conjunto con los presidentes de Argentina, Brasil y Perú se retiraron de UNASUR como una ofensiva en contra del régimen de Nicolás Maduro.


PROSUR, manifiesta ser un organismo “diferente” en cuanto al cumplimiento de objetivos se trata como la cooperación energética, “más democracia”, independencia de poderes, “menos burocracia” y defender la economía de mercado. Lo que realmente se pretende definir, es un organismo que consolide a las naciones que pertenecen al Grupo de Lima para cercar definitivamente al régimen de Maduro en Venezuela. Este “nuevo” organismo no presenta como UNASUR un estatuto jurídico que dirija sus relaciones entre pares o que involucre a los miembros para actuar en conjunto sobre algún tema específico, más bien, lo que se vislumbra es una especie de foro regional de alto nivel.

Además, el próximo 21 de marzo, tanto Jair Bolsonaro como Iván Duque se reunirán en Chile con Sebastián Piñera, donde se dará el golpe definitivo a UNASUR. A esta reunión están “invitados” todos los países del Cono Sur con excepción de Venezuela por “no contar con los requisitos necesarios de democracia y libertades individuales”.


El problema consiste en que el establecimiento de PROSUR condenaría un organismo que ha funcionado y que no es necesario revertir para su buena gestión. Es en sí, un golpe de los gobiernos actuales latinoamericanos que desprenden el valor que significado la independencia o la autonomía estadounidense en pro del interés regional. PROSUR, se convertirá en un organismo al servicio de la desaparición de la cuestión “bolivariana” en la región y la consumación de un Neomonroísmo o Plan Condor II a manos de los nuevos gobiernos conservadores latinoamericanos. Sería grave que se repitiera un hecho lamentable como el caso cubano en la OEA con el ejemplo del “Madurismo” en Venezuela: no es el gobierno quien sufre, sino el pueblo mismo.

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