Un genocidio a cámara lenta

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Así fue como Desmond Tutu (Premio Nobel de la Paz) describió lo sucedido en lo que hoy se conoce como el genocidio de Myanmar. Y es que, aunque en 2017 el Papa Francisco salió a pedir por el cese del genocidio contra la comunidad Rohinyá, es un conflicto que data desde hace muchos años.

¿Quiénes son los Rohiyás? Son personas que habitan en una provincia de Myanmar llamada Rakáin que significa “aquel que mantiene su propio origen”. Es una comunidad multidiversa, es decir, agrupa diferentes identidades como etnias y religiones, de las cuales predominan el budismo, islam, cristianismo e hinduismo. Debido a un desconocimiento por parte de su gobierno han sido considerados legalmente como apátridas.

Todo inicia cuando en Birmania (hoy Myanmar), llega al poder el militar Ne Win en 1974 con un golpe de Estado e instaura una dictadura militar. Ne Win impone un sistema unipartidista con el Partido del Programa Socialista de Birmania. Entre sus primeras acciones, nacionalizó la economía y limitó la libertad de expresión. Sin embargo, tras una crisis económica en 1987, Sawn Maug, Ministro de Defensa, dio un golpe de Estado y crea el Consejo de Estado para la Paz y el Desarrollo, donde desconoce la Constitución. Durante este periodo los militares asesinan a 3mil personas en tan sólo los primeros días para sofocar el descontento de la crisis económica.

Décadas más tarde, en 2008, se incorpora una nueva Constitución donde el ejército legalmente se suma a las decisiones del país ocupando el 25% en ambas Cámaras. En 2010, se celebran elecciones generales significando un intento de transición democrática; pero, los militares acosan a los enemigos del régimen: opositores políticos, periodistas, defensores de derechos humanos y a quienes no compartan la identidad aclamada por el Estado. Para este último grupo, la comunidad Rohinyá no ha sido considerada ni por Birmania ni por Myanmar tras una serie de acciones por parte del gobierno ya que desde el mandato de Ne Win, se expidió la Ley de Ciudadanía de Birmania en 1982, la cual establece una jerarquía de ciudadanos con el fin de justificar, reemplazar, remover y reportar la comunidad Rohinyá, es por ello que él inicia el desconocimiento de los Rohinyás bajo las siguientes declaraciones: “para ser ciudadano hay que ser nacional de sangre pura”.

Es hasta 2012 cuando inicia la persecución oficial contra los Rohinyás ya que como son “extranjeros viviendo en Myanmar”, se permiten realizar enormes desplazamientos consecuentando en 2018 casi un millón de Rohinyás desplazados y refugiados en Bangladesh, Malasia, Tailandia, Pakistán, India e Indonesia. Cabe mencionar que en 2017 aparece el Ejército de Salvación Rohinyá de Arakan (ESRA) quienes emprenden una lucha contra el gobierno de Myanmar; sin embargo el gobierno responde con las masacres de Gu Dar Pyin y Tola Tuoli.

Hoy este caso es de suma relevancia en el sistema internacional. Por un lado, en enero de 2020, fue llevado a la Corte Internacional de Justicia en el que hasta el momento la Corte ha declarado que existen violaciones a la Convención de Genocidio. Y por el otro, la recién llegada del Presidente Joe Biden al frente del gobierno estadounidense podría esperarse una postura pública o en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para ver si lo considera como genocidio o no; si lo hace tendríamos que ver muy de cerca las relaciones Estados Unidos-Myanmar y Estados Unidos con la región del bloque Chino.

Referencias:
Baltazar A. “Los rohinyás: no ser nada para nadie”. Revista Foreign Affairs Latinoamérica.
Strangio S. “Biden Administration to Probe Rohingya Genocide Claim”. The Diplomat.

Biografía: Andrea Olivia es estudiante en Relaciones Internacionales en la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México y miembro de Young Leaders Digital 2021.

Twitter: c_andreaol

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